Misión Redoma

“Porque una sonrisa puede abrir el corazón para recibir el amor de Dios.”

En Redoma “Dios guarda mis lágrimas” creemos que cada niño merece vivir con alegría, esperanza y fe. Nuestro programa “Sonrisas para los Niños” nace del deseo de llevar amor, apoyo y la Palabra de Dios a los más pequeños que viven en condiciones de necesidad, en comunidades de Baja California y San Diego, California.

Sabemos que la niñez es una etapa fundamental donde se forman los valores, la identidad y la fe. Por eso, nuestro compromiso no se limita a entregar juguetes o útiles escolares, sino a sembrar en cada corazón la certeza de que son amados, valiosos y que Dios tiene un propósito especial para sus vidas.

A través de donaciones de juguetes, ropa, calzado y materiales escolares, buscamos llenar de color y esperanza los días de muchos niños que enfrentan realidades difíciles. Cada entrega se convierte en una fiesta de amor, donde los abrazos, las risas y las palabras de ánimo se mezclan con la presencia de Dios.

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Durante las actividades, compartimos con ellos mensajes bíblicos adaptados a su edad, canciones, dinámicas y momentos de oración que fortalecen su fe y les enseñan principios de gratitud, bondad y esperanza. Nuestro propósito es que cada niño sepa que, aunque las circunstancias sean difíciles, hay un Dios que los ve, los cuida y nunca los abandona.

Las sonrisas que recibimos a cambio son el reflejo de la bondad divina. Muchas veces, un juguete sencillo o una mochila nueva se convierte en una puerta para hablar del amor de Cristo y para mostrar que el Reino de Dios también se construye con gestos pequeños pero llenos de significado.

“Sonrisas para los Niños” también busca inspirar a otros a unirse a esta labor. Cada donación, cada voluntario y cada palabra de aliento contribuyen a transformar la vida de un niño, a renovar la esperanza de una familia y a extender el mensaje de que la fe puede cambiar cualquier historia.

Nuestro sueño es ver a más comunidades alcanzadas, más corazones restaurados y más niños creciendo bajo la luz del amor de Dios. Porque cuando un niño sonríe, el cielo también sonríe.

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